Cuando nuestros hijos son pequeños, muchas veces somos las primeras personas a las que quieren contarles todo. Nos hablan del colegio, de sus amigos, de lo que hicieron durante el día y hasta de cosas que para nosotros pueden parecer pequeñas, pero que para ellos son importantes.
Pero cuando empiezan a crecer, algo cambia. Ya no nos cuentan todo como antes y es inevitable preguntarnos: ¿por qué los hijos dejan de contarnos algunas cosas cuando crecen?
Creo que la respuesta está, en gran parte, en que empiezan a necesitar más independencia y privacidad. Especialmente durante la adolescencia, nuestros hijos comienzan a formar su propia identidad, tienen sus propios intereses, amigos, opiniones y un mundo que ya no gira únicamente alrededor de nosotros.
Y eso no significa necesariamente que hayan dejado de confiar en nosotros o que nos quieran menos.
LO QUE ESTOY APRENDIENDO CON MIS PROPIOS HIJOS
Tengo una hija de 15 años y un hijo de 10, y puedo ver claramente la diferencia entre las dos etapas.
Con mi hijo todavía tengo muchas conversaciones. Le pregunto cómo le fue en el colegio y, aunque muchas veces me responde “bien”, si sigo preguntando un poco más termina contándome qué hizo, qué le gustó o qué pasó durante el día.
Con mi hija adolescente es diferente. Hay cosas que me cuenta y otras que no. A veces tengo que encontrar el momento adecuado para preguntarle y, dependiendo de lo que me responda, seguir la conversación.
Mi hija puede ser más reservada que mi hijo y eso no significa que me quiera menos. Simplemente tiene otra manera de comunicarse y de expresar lo que siente.
Y creo que como mamás también tenemos que aprender a entender esa diferencia.
NO NECESITAN QUE SEPAMOS TODO
Cuando los hijos crecen, nuestra preocupación puede hacernos querer saber cada detalle de su vida. Pero una cosa es estar pendientes y otra muy diferente es querer entrar en cada espacio que empiezan a construir.
Nuestros hijos necesitan sentir que tienen un mundo propio. Necesitan aprender a tomar decisiones, tener sus propias experiencias y, poco a poco, ganar independencia.
Por eso, que nos cuenten menos cosas no siempre significa que exista un problema. Lo importante es que sepan que pueden acudir a nosotros cuando algo les preocupe, cuando necesiten ayuda o simplemente cuando quieran hablar.
Para mí, la confianza también consiste en eso: en poder preguntar sin convertir la conversación en un interrogatorio y en saber respetar cuando ellos no quieren hablar.
ENTONCES, ¿CÓMO SEGUIMOS ESTANDO CERCA?
Creo que debemos aprender a escuchar más y presionar menos.
No siempre necesitan consejos. A veces solo quieren que los escuchemos sin juzgarlos inmediatamente.
Podemos preguntar cómo estuvo su día, qué hicieron, qué les gustó o qué les molestó, pero también debemos aceptar que habrá cosas que prefieran guardar para ellos.
Y aunque como mamá a veces quisiera saberlo todo, entiendo que crecer también significa aprender a soltar.
La maternidad cambia con cada etapa. Cuando son pequeños, estar cerca puede significar acompañarlos a todas partes y conocer cada detalle de su día. Cuando crecen, quizás estar cerca significa simplemente que sepan que estamos disponibles cuando nos necesiten.
Porque al final, los hijos no dejan de contarnos algunas cosas porque dejen de necesitarnos. Lo hacen porque están creciendo, construyendo su identidad y aprendiendo a tener un mundo propio.
Y nuestro trabajo como padres no es conocerlo todo, sino construir una relación en la que ellos sepan que siempre pueden volver a nosotros.
@MadreNovata1

La culpa es de los padres que en el fondo creen que sus hijos no tienen una vida propia al margen de la suya. Suena a tópico pero es una verdad que no se práctica y estar encima de ellos casi siempre produce el efecto contrario
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