miércoles, 10 de diciembre de 2025

Cómo vivo con dolor crónico sin perder las ganas de vivir (Experiencia real)

Cómo vivir con dolor crónico


Vivir con dolor crónico no solo afecta el cuerpo. Lo sé porque lo vivo. Afecta la mente, el ánimo, las relaciones, los sueños… y hasta las ganas de seguir. Hay días en que el dolor no se ve, pero pesa. Y somos muchas las que aprendemos a sonreír con el cuerpo cansado y el corazón cargado.

Vivir con dolor crónico: cuando el cansancio es más que físico

El dolor diario desgasta en silencio. No solo duele el cuerpo: duelen la constancia, la paciencia, la incertidumbre. A mí me llegan pensamientos como:

¿Así será mi vida ahora?

¿Hasta cuándo?

¿Por qué a mí?

Y aunque casi nadie lo dice en voz alta, también aparece ese miedo de perderse una misma en medio del dolor. Aceptar que estoy cansada no es rendirme.

Es reconocer que soy humana. Pero no es fácil. Porque muchas veces pensamos en los demás, en lo que estarán pensando de nosotras: Si me estoy inventando el dolor, Si es por pereza, entre otras cosas. Es incómodo hablar de dolor, es incómodo sentirse con dolor.

Cómo sigo adelante cuando el dolor no se va

Seguir adelante con dolor no siempre es avanzar con fuerza. A veces es solo no retroceder. Para mí, seguir adelante es:

  • Levantarme aunque no tenga energía
  • Cumplir lo básico sin exigirme perfección
  • Respirar profundo cuando todo duele

No se trata de ser fuerte todo el tiempo, sino de no soltarme a mí misma, aunque muchas veces quiera hacerlo todo sola. 

Dolor físico y dolor emocional: una carga doble

El dolor físico casi siempre viene acompañado de algo más profundo: frustración, tristeza, miedo, culpa, ansiedad. Porque el dolor no solo interrumpe el cuerpo, también interrumpe planes, rutinas, sueños y hasta relaciones. Por eso entendí que no basta con “aguantarse”. También hay que hablar lo que pesa por dentro. Aunque cueste expresarlo y aceptarlo.

Pequeñas acciones que me ayudan a no perder las ganas de vivir

Cuando el dolor es constante, ya no pienso en grandes metas. Pienso en pequeños motivos diarios:

  • Un momento de descanso
  • La música: para mí es una terapia silenciosa. Me acompaña, me sostiene, me conecta conmigo. Hay canciones que me levantan cuando estoy en el suelo y otras que me permiten llorar lo que no sé decir. La música puede subirme el ánimo o bajarlo, pero siempre me ayuda a sentir, a soltar, a respirar distinto. "A veces no necesito consejos, solo una canción que me abrace"
  • Un pensamiento amable conmigo
  • Hacer algo que me guste mucho
  • Un día sin exigencias imposibles

Cuando vivir duele, pero rendirse no es opción

Seguir cuando estamos cansadas no es debilidad, es una de las formas más puras de valentía, es levantarse con el cuerpo pesado y el alma en silencio, es sonreír aunque por dentro todo tiemble, es cumplir lo básico cuando ya no hay fuerzas para más.

Permanecer cuando todo pesa es una decisión diaria que casi nadie ve, es elegir no rendirse aunque no haya aplausos, aunque nadie entienda la lucha que se libra por dentro, es quedarse incluso cuando irse parece más fácil.

No es la que se ve desde afuera. es la de todos los días. La de levantarse aunque duela, la de cumplir aunque cueste, la de seguir aunque por dentro estés rota, esa que nadie aplaude, pero que te mantiene de pie, la que solo entiende quien ha tenido que aprender a vivir así.

Vivir con dolor no me quita el derecho a la alegría 

Tal vez mi vida no es como la soñé. Tal vez mi cuerpo no responde como antes. Tal vez hay cosas que cambian para siempre. Pero aun así, mi vida sigue teniendo valor. Aun así, yo sigo importando. Aun así, puedo volver a sentir ganas de vivir… incluso distinto.

Si hoy estás buscando cómo vivir con dolor crónico, cómo no perder las ganas de vivir o cómo seguir adelante cuando todo duele, quiero que sepas que no estás sola. Este camino es difícil, pero no imposible. La vida sigue teniendo algo para ti, incluso en medio del dolor.

Te invito a leer Vivir con dolor crónico: mihistoria con endometriosis y dolor lumbar. Donde cuento más a fondo mi experiencia personal.


lunes, 1 de diciembre de 2025

Cómo recuperar energía siendo mamá: 10 hábitos reales que sí funcionan cuando estás agotada

Mamá cansada

Hay días en los que me levanto más cansada de lo que me acosté. Días en los que la casa parece hablar sola, mis hijos tienen mil cosas en la cabeza: tareas, actividades, prácticas deportivas, conversaciones que quieren tener conmigo… y yo solo quiero un ratito de silencio.

Ser mamá es hermoso, pero también es agotador. Y no hablo solo de sueño: es ese cansancio que viene de pensar tanto, resolver tanto y sostener tanto. A eso le sumo que tengo una condición de dolor crónico, que tampoco ayuda. Mi dolor crónico


Aunque mis hijos ya no son pequeños, igual demandan presencia, apoyo y acompañamiento. Y entre eso, la casa, mis dolores, mis pendientes y todo lo demás… mi energía a veces se va al piso.


Estos son 10 hábitos sencillos que me están ayudando a recuperarme día a día, sin complicarme y sin tener que cambiar toda mi rutina.


1. Respira antes de empezar el día:

No es meditar; es respirar profundo tres veces antes de pararte de la cama. A veces ese momentico marca la diferencia antes de lanzarte al día.


2. Tómatelo con calma:

No todo tiene que quedar perfecto. La cocina puede esperar, la ropa también. A veces el cansancio es más por la presión que por la tarea. Darte permiso de aflojar libera energía.


3. Cambia de ambiente aunque sea por 2 minutos

Salir al patio, pararte en la puerta, mirar el cielo, sentir el viento. Ese cambio de aire reinicia la cabeza y baja el nivel de estrés.


4. Toma agua y come algo real

Cuando pasamos el día corriendo, comemos cualquier cosa.

Un vaso de agua y una fruta estabilizan más de lo que parece.

Aunque realmente, casi siempre escojo un cafecito.


5. Haz una pausa cuando sientas que vas a explotar

Este punto lo estoy aprendiendo poco a poco, porque a veces los hijos nos llevan a un estado de explosión que debemos manejar. Respira, respira y respira. Échate agua en la cara, cierra los ojos. Las mamás hacemos mucho en piloto automático; parar te devuelve a ti misma.


6. Muévete un poquito

Baila una canción, estira la espalda, mueve los brazos, sacude las piernas. No es ejercicio completo: es destrabar el cuerpo.

Cinco minutos cambian el humor. Y hacer las actividades del hogar con música de fondo es de lo mejor.


7. Ordena solo UNA cosa

Cuando la casa se ve desordenada, la mente también se siente pesada. No intentes arreglar todo: elige una cosa.

Puede ser la mesa, el lavamanos o la cama. Un solo espacio limpio te da paz visual.


8. Háblate bonito

A veces nos decimos cosas feas en la mente:

“Qué cansada estoy”, “No rindo”, “No me alcanza el día”.

Cambia ese diálogo interno por algo más suave:

“Estoy haciendo lo mejor que puedo”. Te sorprendería cuánta energía recuperas cuando dejas de castigarte.


9. Ríete del caos

De verdad. A veces la mejor forma de sobrevivir es reírse de lo absurdo. Entrar al cuarto de tus hijos y verlo desordenado no da paz, pero muchas veces toca respirar hondo y calmarnos.

La risa baja la tensión y te regresa al presente.


10. Busca un momento para ti al final del día

No tiene que ser largo. 10 minutos.

Una ducha tranquila, una taza de té, escribir tres líneas, ver un videíto, estirarte un poquito. Ese pequeño ritual te recuerda que tú también importas.

Hábitos que funcionan
No necesitas ser una supermamá. Solo necesitas pequeñas cosas que te sostengan mientras tú sostienes a todos los demás. Y si hoy te sientes agotada, te abrazo desde aquí: estás haciendo más de lo que crees… y mejor de lo que piensas.